martes, 1 de agosto de 2017

Historias del Talento: Gaito Gazdánov

Nacemos con estrella, venimos al mundo con talento pero si no lo ponemos en juego nuestra labor en la tierra no brilla. De nada sirve el talento, ese singular ordenamiento del potencial humano que la naturaleza confiere a cada individuo, si no es puesto en acción. Activar el don personal es abrirse al camino de nuestra vocación y por tanto al entusiasta compromiso con uno mismo. La realización de la vocación requiere por tanto de talento y dedicación. La historia del excelente escritor ruso Gaito Gazdánov es un ejemplo claro del compromiso con los dones que no han sido otorgados y la dedicación a la vocación literaria en circunstancias aparentemente poco propicias.

Gaito Gazdánov nació en San Petersburgo (1904) en el seno de una familia originaria de Osetia. Se crio en Siberia y Ucrania donde su padre, a quien perdió junto a sus dos hermanas en la infancia, fue destinado en el ejercicio de su profesión de guardabosques. Tras el golpe de estado protagonizado por los bolcheviques (Revolución Rusa de 1917), siendo aún un adolescente, combatió en la guerra civil rusa hasta que, derrotado el ejército blanco en el que se había alistado como voluntario, fue evacuado de Crimea (1920) rumbo a Turquía. Abandonó así Rusia a la que nunca pudo regresar. Tras vagar por Gallipoli y Constantinopla donde escribió su primer relato (Hotel de futuro) y posteriormente por Bulgaria se asentó como exiliado en París (1923). Allí realizará distintos trabajos: estibador en los muelles del Sena, operario en la cadena de montaje de la fábrica de automóviles Citroën, asistente de oficina en la editorial Hachette y desde 1928 a 1952 como taxista nocturno para poder entregarse durante el día a su vocación literaria para la cual tenía “sin duda mucho talento. Y permítame añadir que el suyo es un talento insólito, muy singular” como le escribiría Máximo Gorki en una carta fechada en 1930 y enviada desde la Rusia soviética. Aun estando prohibidas sus obras en la Unión Soviética y escribiendo en ruso, Gaito trabajaba para poder realizar su obra, era fiel a sí mismo, honraba al mundo con los dones de su talento.

Este compromiso consigo mismo y el mundo no hubiera sido posible sin la existencia de un talento singular. La dedicación de Gaito a su vocación literaria en las circunstancias adversas que rodeaban su vida, necesarias por otra parte para dar contenido a su obra, no hubiera sido posible sin esa aptitud natural que le inclinaba a determinadas tareas que le aportaban sentido y plenitud en su realización. Y hay que enfatizar este punto porque el talento (aptitud) no es compromiso (actitud) como se nos quiere hacer ver a menudo sino que éste último brota liberando esa capacidad innata que nos permite ser el que somos y andar nuestro propio camino en la vida. El compromiso y la consiguiente dedicación nacen siendo fieles a nosotros mismos, a nuestra singular naturaleza, al talento y la vocación que están impresas de forma innata en nuestro ser individual.

Es desde esta perspectiva de situarse centrado en el talento en el espacio de la vocación que deben entenderse famosas frases de genios como Picasso “No creo en las musas..., pero si llegan que me pillen trabajando", Beethoven “el genio se compone del dos por ciento de talento y del 98 por ciento de perseverante aplicación”, Francisco Umbral “El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”, etc... La obra del talento es imposible sin el propio talento, él es la condición necesaria para realizar nuestra vocación, es él quien nos abre a un mundo en el que las musas se revelan, a un mundo en el que dedicamos nuestra energía de una forma que nos hace sentirnos plenos, útiles y valiosos para los demás, a un mundo en el que nos comprometemos con gusto con nuestra obra al tiempo que nos permite redimirnos.

Gaito Gazdánov trabajaba de taxista nocturno en París con un fin superior que trascendía al de simplemente sobrevivir, trabajaba para hacer posible su vocación, redimirse y hallar la salvación en este mundo. Concluida la Segunda Guerra Mundial (1940-45) recibe la nacionalidad gala (1947) no por su obra literaria sino por su labor en la resistencia francesa y en 1953 se traslada a vivir a Munich al obtener una plaza como periodista y redactor de Radio Liberation. En este nuevo “exilio en el exilio” su labor profesional se acerca a su talento y vocación, al tiempo que sigue reencontrándose consigo mismo. Regresa a Paris en 1959 como corresponsal de la emisora y vuelve de nuevo el 1967 a la ciudad bávara donde fallecerá en 1971. A su muerte deja diez novelas y otra inconclusa, así como cerca de cuarenta relatos además de numerosos escritos como ensayos y artículos todos ellos fruto del compromiso consigo mismo y con el mundo, resultado de la dedicación ineludible que nace cuando somos fieles al talento y la vocación innatas que están impresas en nuestro ser.

Su cuerpo fue enterrado en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois, a las afueras de París, junto al de otros talentos rusos como el bailarín Rudolf Nureyev, el cineasta Andrei Tarkovski o el premio NóbeI de literatura Ivan Bunin, personalidades y excombatientes del ejercito blanco (miembros de diferentes divisiones y de cosacos) todos ellos exiliados a raíz de la Revolución de Octubre y la instauración y perpetuación del poder sovietico; y su extraordinaria obra, trascendiendo la vida mortal de su autor, fue publicada y admirada en Rusia con la llegada de la Perestroika para ser rápidamente traducida a innumerables lenguas. Como ocurrió con Gaito Gazdánov, ese singular talento, la obra útil de nuestro don pervivirá en la memoria de quienes nos suceden.


Arqueología del Talento© es una exploración en el trance hipnótico para el descubrimiento de los dones personales y el reconocimiento del camino que hemos de seguir para ser fieles a nuestra identidad original y alcanzar la libertad en este mundo. Para más información y próximos seminarios pulse AQUÍ.


jueves, 13 de julio de 2017

Desplegar el potencial para generar nuevos horizontes

Los miembros de la especie humana compartimos un mismo potencial pero este está dispuesto de forma innata en cada individuo en un orden determinado que singulariza su capacidad, sus posibilidades y sus límites. Todos podemos hacer de todo (andar, hablar, razonar, crear, etc) pero hay algunas cosas que se nos dan mejor que otras precisamente porque responden a nuestra naturaleza original. Ese orden primigenio que se ha ido conformando inconscientemente en nuestros primeros compases y estadios de la vida,  es lo que llamamos Talento. El talento o don es un instinto que se haya impreso en nuestro inconsciente y que se expresa cuando nos damos la libertad de ser el que somos.

No venimos al mundo vacíos de contenido mental, ni somos una tabula rasa como proponía en los albores de la ilustración Locke; venimos con un diseño de nuestra arquitectura corporal y biológica, con un patrón de desarrollo individual diferenciador, con un potencial ajustado para desempeñar de forma óptima, máximo rendimiento con mínimo de energía, un conjunto de funciones o tareas. Somos útiles a la sociedad y nuestro entorno en cuanto activamos nuestro talento; y una organización socioeconómica óptima asignaría a cada individuo su espacio natural. Esta es la propuesta que a comienzos del milenio alumbró la aparición del proyecto Arqueología del Talento© tras más de 15 años de  investigación en desarrollo económico por diferentes regiones y culturas del mundo.

Existe un mapa original e invisible en la memoria que nos ha creado, un mapa que revelado nos muestra como está ordenado nuestro potencial, nos expone la naturaleza de nuestro talento y el espacio natural que nos corresponde en el mundo al tiempo que nos ofrece claridad sobre nuestra capacidad y nuestros límites; un mapa que puede ser revelado buceando en las profundidades de nuestro inconsciente. La hipnosis es el método aplicado por el proyecto Arqueología del Talento© para sumergirnos en el inconsciente pues muestra las cosas tal cual son, sin capacidad crítica, sin filtros de valores, creencias y pensamientos limitadores. De esta forma las personas tienen la oportunidad de reconocer por si mismos su capacidad maestra y sus posibilidades, y las organizaciones casar sus perfiles laborales con los de aquellos individuos más apropiados para el cumplimiento de sus fines.

Pero Arqueología del Talento a través de la hipnosis no solo facilita a las personas y organizaciones rencontrarse con su talento, valor y utilidad, también les ayuda a gestionar su capacidad en los entornos cada vez más complejos a los que se enfrentan.

La educación y la experiencia en las que basaba Locke la construcción del hombre y la lógica de la razón -que son la base de los modelos educativos y socio/laborales vigentes desde hace más de dos siglos para el desarrollo humano y social- si bien nos abren nuevas ventanas al mundo también condicionan y añaden impedimentos mentales que suponen nuevos límites y por tanto restricciones de capacidad para la generación de nuevos horizontes. Los modelos culturales formatean el mundo concibiendo una imagen válida y al mismo tiempo incompleta y restrictiva de la realidad lo que nos lleva a evolucionar en una dirección determinada. Cumplida su utilidad y razón de ser en la evolución –no habríamos llegado hasta aquí a no ser por los principios de la tabula rasa de de Locke y el discurso de la razon de Descartes- el modelo se muestra insuficiente y obsoleto para cubrir las nuevas necesidades individuales y colectivas que ha generado, dando lugar a tiempos inciertos y complejos como los actuales en los que la forma en que veníamos operando se ve invalidada. En esta involución a la que asistimos, a pesar de la paradoja tecnológica en la que muchos ven una salida al futuro y en realidad está acelerando la decadencia de un modelo que muestra síntomas de agotamiento y asfixia para cubrir las necesidades de la población, hemos de reconsiderar la naturaleza humana, ver al ser humano con una nueva mirada que le centre en sus posibilidades y limitaciones. Solo sacando al individuo del mundo que lo ha construido haremos aflorar su potencial sin restricciones.

Siendo realistas un titulo académico ha perdido valor en el mercado laboral ante la superoferta de todo tipo de graduados y licenciados; siendo razonables no se es psicólogo por estudiar psicología, ni hombre de negocios por estudiar administración de empresas, ni la capacidad de sanar la otorga un título en medicina o cualquier disciplina en el mundo de la salud. Se necesita algo más que conocimientos y que no puede aprenderse: don psicológico, arte para los negocios u ojo clínico. Esto lo tiene o no tiene el individuo, es el valor diferencial del talento. La capacidad no es consecuencia del conocimiento, ni el conocimiento puede suplir el talento pero si complementarle en el desarrollo de su vocación. Bien lo sabe ese ciclista que decide escaparse en una etapa de alta montaña de la Vuelta ciclista a España, Francia o Italia el veinteavo día de la competición y alza los brazos al cruzar la meta. A priori su triunfo es contemplado por la razón como una locura insensata pero él, deportista con talento, sabe de las limitaciones y posibilidades de la razón y por ello prefiere guiarse en sus decisiones por sus sensaciones físicas. Su emocionante hazaña es la consecuencia de desplegar su potencial liberando la confianza en sí mismo, de escuchar su voz interior y tener fe en ella para desnudarse de cualquier restricción limitadora y entregarse a la grandeza de su talento integrador de las capacidades de su potencial para alcanzar la victoria. Esta será la clave de su victoria a la que habrá ayudado el conocimiento y análisis previo de la etapa para saber dónde sacar provecho de sus características individuales. En definitiva desplegamos el potencial integrando capacidades de forma óptima en torno al patrón innato del talento cuando nos damos la libertad de ser el que somos, algo que ya intuía Stuart Mills,  y colocamos al conocimiento y la razón lógica al servicio del talento en la consecución de los fines.

Acercarnos a los límites impuestos por la naturaleza en cada miembro de la especie humana requiere de una lógica diferente; más que entrenarnos mediante el esfuerzo en la adquisición de más conocimientos y el desarrollo de nuevas habilidades es preferible liberarnos de todo lo adquirido y aprendido que nos limita y reordenarnos internamente previamente. Y para vaciarnos de todo lo que nos es inservible y nos restringe la hipnosis es quizás el mejor aliado conocido ya que nos permite borrar de nuestra memoria todo aquello que nos incapacita al tiempo que reordena nuestro potencial orientado a nuevos fines por si misma. Por eso la hipnosis aparentemente multiplica nuestro rendimiento aunque en el fondo simplemente nos pone en situación de utilizar nuestro potencial al 100%. La hipnosis nos libera de nuestras viejas ataduras internas e invisibles de forma rápida y nos ofrece un modelo a seguir: por eso es tan efectiva en la práctica deportiva, el estudio, las negociaciones, el desarrollo estratégico y de proyectos, y en general cualquier actividad humana en el arte de vivir. El modelo del futuro está en cada uno de nosotros.

Recuerdo un caso ejemplar de lo dicho anteriormente.  El matemático Sixto Rios que padecía de Esclerosis Lateral Amitrófica (ELA) había probado todo tipo de tratamientos para una enfermedad degenerativa e incurable y seguía poniendo la confianza en la ciencia y sus avances, incluso estaba dispuesto a ser conejillo de indias de cualquier experimento. Quizás por ello se decidió a entrenar su capacidad disminuida en la Academia de Hipnosis & Sueños©. Semanas más tarde en una cena en la que nos acompañaba un prestigioso médico que luchaba por abrir una innovadora línea de trabajo clínica para el tratamiento de esta enfermedad, relató su experiencia con la hipnosis: tengo más capacidad de la que creía, me he dado cuenta que vivía actuando de acuerdo a pensamientos restrictivos, a los diagnósticos y sugerencias de los especialistas médicos, bajo la influencia del comportamiento de otros que se compadecían al verme en este estado de incapacidad. Gracias a la hipnosis he vuelto a conducir aunque sé que en breve no lo podré hacer, he vuelto a poder meter la llave en la cerradura y abrir la puerta aunque el día de mañana me será del todo imposible, he vuelto a vivir cada día al límite de mis capacidades. He vuelto a sentir la alegría de vivir y me he deshecho de las voces del entorno que aunque bienintencionadas me debilitan e incapacitan. He dejado de estar hipnotizado por el mundo que me rodea y he vuelto a escucharme y tener confianza en mí mismo para vivir hasta el último minuto.  Doy fe que vivió con una fortaleza de ánimo ejemplar hasta el último minuto y que cuando su cuerpo perdió la motricidad muscular hasta el punto de no poder respirar prefirió morir a estar incapacitado enchufado a un cuerpo sin vida en la cama.


No dejes que tu futuro muera enchufado a un modelo sin porvenir. Cambia tu mirada y conecta con ese potencial que te conectará al mundo. Hay un nuevo mundo a nuestro alcance por el que merece la pena vivir y no solo existir. Hay un nuevo modelo de la organización social y económica basada en el talento que desplegará el potencial de la humanidad y reconducirá su evolución. De hecho ya lo está haciendo, desde comienzos de este milenio Arqueología delTalento© y la Academia de Hipnosis & Sueños© vienen liberando el potencial de los individuos y organizaciones para acércalos al límite de sus posibilidades, para vivir con plenitud esta aventura de la existencia.

miércoles, 7 de junio de 2017

Atrévete a ser tu mismo, atrévete a ser según tu talento

La organización del mundo está transformándose a todos sus niveles, después de todo el universo es cambio permanente a partir de leyes inmutables. Algo así como la posibilidad de crear infinitas piezas musicales a partir de siete notas musicales o de producir una composición cromática desde los tres colores básicos. Esta es la riqueza de la creación que posibilita un mundo infinito a partir de la esencia de lo que es.

De una forma análoga cada ser humano es una posibilidad de acuerdo a su esencia humana. De la misma forma que el sonido de la nota “la” no es el mismo que el de la nota “do”, ni el color “carmesí” es el “turquesa”; “tu” ni “el” sois iguales a “mi” si bien los tres pertenecemos a un mismo conjunto de la realidad: la especie humana. No somos iguales sino semejantes. En el fondo siempre lo hemos sabido, ¿por qué sino la inquietud interna y eterna de encontrar nuestra identidad individual, nuestros límites y posibilidades, para sentirnos integrados en el universo? Y en esa búsqueda nos hemos perdido en el discurso social e igualitario que nos quiere hacer como el otro empobreciendo el mundo en que vivimos. Si la educación nos llegase a hacer igual a nuestro semejante no existirían individuos sino máquinas y la humanidad dejaría de ser humana al renunciar a la libertad, al negar uno de los rasgos esenciales de especie que la caracterizan, el de la creatividad individual.

Esta tendencia dominante a escala mundial que nos conduce a ser pseudohumanos se equilibrará por si misma aunque con grandes costes. El actual modelo socio/económico, un gran mercado de consumidores a la par que de agotamiento de los recursos naturales para la producción de bienes y servicios, es inviable en un escenario de superpoblación; la naturaleza está en el límite de poder sostener la especie humana en el planeta tierra. Una redistribución de la población y de sus capacidades está teniendo lugar de forma silenciosa e imparable. La pobreza material, la insatisfacción emocional y precariedad espiritual a la que ha conducido el consumo como fin, la tecnología como sistema funcional y modelo de la interacción humana y la ciencia materialista como vía de conocimiento del universo se están retrotrayendo en favor de las artes y las humanidades, del deseo de armonía individual y colectiva y de formas de conocimiento más inductivas que son a la postre las que han guiado los avances en la historia de la humanidad tantos en las artes como en las ciencias. Un nuevo equilibrio entre el ayer y el mañana está teniendo lugar. Un nuevo modelo está emergiendo con pujanza desde hace tres décadas, los pilares del mundo que viene se están forjando con una nueva mirada a la naturaleza del universo, al papel de la humanidad en la creación de la que forma parte y a la conciliación de la existencia individual en el grupo humano. La economía del talento es la economía del porvenir.

La naturaleza es la gran maestra y nos está recordando algo que la humanidad como colectivo olvidó pero que resuena en nuestra memoria: cada ser vivo está dotado de forma innata de una identidad diferencial para cumplir una función en la humanidad y la Creación. La Creación nos asigna un espacio concreto en el mundo que debemos ocupar. La forma de encajar en él no es otro que atreverse a ser fieles a uno mismo. Entonces los rasgos esenciales de cada individuo se expresaran, podremos reconocernos y nos daremos cuenta del tesoro que portamos: el talento, esa organización innata del potencial humano original y única en cada ser que le especialmente apto y valioso en cuanto es capaz de cumplir eficientemente una función de forma natural, espontánea y satisfactoria. A través del talento el individuo encaja en el grupo y la sociedad, el otro se hace valioso en cuanto le permite ser y le percibe como un colaborador global del que obtiene lo mejor que puede ofrecer, en definitiva armoniza su vida con otra de orden superior dando sentido a su existencia. El talento es el modelo de la economía libre, rica y próspera que está emergiendo, una economía eficiente y rentable que optimiza la capacidad y la energía humana dirigida a fines superiores de la especie en la Creación. El mundo está cambiando, lo vemos a diario en que las fórmulas que cumplieron su papel en la evolución están caducas y en la aparición de nuevas luces que guiarán el desarrollo mundial de acuerdo a las posibilidades que brinda la esencia de la naturaleza. El miedo, síntoma de la indefensión ante la incertidumbre que paraliza nuestra capacidad y ahoga el futuro, dará paso, en quien se atreva a ser uno mismo y despliegue su talento, a alegrarse del milagro de la vida.

Arqueología del Talento© es una exitosa metodología pionera que incorpora el conocimiento inductivo para que las personas reconozcan por si mismas su talento natural y su espacio en el mundo; un eficiente y original modelo que otorga al individuo la confianza y el valor en sí mismo permitiéndole atreverse a ser él que es y hacer uso del poder del que está dotado. Y el Club Genial© es el espacio de encuentro de los Arqueólogos del Talento. En la siguiente entrevista Susana Espelleta entrevista al creador de Arqueología del Talento y hablan entre otras cosas de uno de los proyectos que llevaron a cabo en el Club Genial, la realización del corto cinematográfico “Desde los ojos de la inocencia” en el que participaron distintos miembros del Club Genial según sus talentos. Un corto que tras ganar el premio en el Festival Internacional de Houston se presentó en Cannes. Y es que el talento es innato, no se aprende, solo hay que liberarlo y ponerlo en acción.


lunes, 22 de mayo de 2017

Historias del Talento: Irving Berlin

El talento puede considerarse como la organización innata, especial y única del potencial humano en cada individuo. Hay un diseño original que nos permite vivir de partida desempeñando aquellas funciones específicas para las que estamos mejor capacitados por la naturaleza; esa aptitud natural se manifiesta en nuestros primeros pasos en la vida y cuando no queremos ser otro o el otro. Por ello no imitando el proceder de otros y dejándonos ser el que somos, el talento personal se muestra con naturalidad, se expresa con espontaneidad en nuestro quehacer. La siguiente historia del prolífico compositor Irving Berlin es un buen ejemplo de como el talento aflora si nos permitimos ser aquel que somos.

Israel Isidore Baline (1888, Tiumen, Rusia) fue hijo de una familia numerosa que abandonó su tierra natal como consecuencia de los progroms zaristas contra los judíos. A la edad de 5 años llegó a la Isla de Ellis (New York) puerta de entrada del gran aluvión de población emigrante a Estados Unidos en aquellos dias. La familia se instaló en el gueto de Lower Easter Side de Gotham, el espacio más pobre y sucio no solo de New York, sino de todo el continente según la prensa de entonces. En este ambiente adverso el niño Baline ayudaba a la economía familiar vendiendo periódicos en la calle y realizando otros trabajos similares. 

Un trágico suceso le puso frente al valor de la vida, el esfuerzo y del dinero. La muerte de su hermano aplastado por una carga mientras ayudaba a descargar un carguero en el puerto neoyorkino para ganarse unos centavos fue un revelador aprendizaje para el joven Baline: “una vida vale mas que unos pocos centavos”. Tras aquel trágico accidente y teniendo 15 años se marchó de casa dispuesto a ganar dinero de una forma más fácil. Sin formación musical (nunca aprendió a leer y escribir música más allá de un nivel elemental, fue pianista autodidacta, y solo tuvo dos años de educación formal en su vida) comenzó a cantar en las calles, primero como un mendigo y después en algunos cafés y restaurantes populares de la célebre calle Bowery cuna del Music Hall. Trabajando como camarero cantante en el Pelham Café puso letra a una composición del pianista del local que se haría muy famosa (Marie of Sunny Italy) cantada por el propio Israel y que le reportaría sus primeras ganancias como compositor. Un error de imprenta al registrar la canción le dio el nombre Irving Berlin, nombre por el que sería conocido el resto de su vida.


Irving Berlin siguiendo la luz de su don había encontrado su lugar en el mundo. Y en él expresaba la vida a través de sus hermosas composiciones: más de 3000 canciones, 19 musicales y 18 bandas sonoras de películas. La cantidad no estaba reñida con la calidad. A juicio de George Gershwin fue el “mejor compositor de canciones que nunca existió”. “Mientras otros hacían salchichas, Irving hacia belleza” expresaría Frank Sinatra y esta prolífica carrera como compositor de bellas obras, le reportaría cuantiosas ganancias. Pero Irving reconoció que “después de obtener todo lo que uno desea, uno se da cuenta que no lo necesita todo” y dedicó gran parte de su fortuna a la labor filantrópica, apoyando a organizaciones benéficas y otras acciones que consideró merecían la pena como eliminar los conflictos sociales y religiosos entre cristianos y judíos (Su primera mujer murió de neumonía contraída en el viaje de luna de miel y en segunda nupcias contrajo matrimonio con una católica-irlandesa, cuyo padre la desheredó como oposición a las bodas entre contrayentes de diferente religión). El talento de Irving fue su medio de expresar la belleza de la vida, de crear riqueza, y su noble actitud de dedicar parte de su fortuna a hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir, la forma de apoyar el don de otros. 

El propio Irving Berlin, dejaría tres frases resumen de su aprendizaje para disfrutar el regalo de la vida:
  • “Todo el mundo debería tener un Lower East Side en su vida”. Esos momentos duros y difíciles que se nos presentan son necesarios para reconocer el valor de la vida.
  • “El Talento es el punto de partida”- Déjate ser para que aflore ese pilar sobre el cual construir tu vida.
  • “Luces de candilejas ...... ¡nada que hacer, ya lo sé!” - En el escenario de la vida, tu talento se muestra en libertad. Es el reconocimiento de tu don y no puedes ser otra cosa que la que eres.

Los reconocimientos del talento de Irving Berlin fueron numerosos. Entre ellos el Oscar que recibió en 1942 por el villancico "Blanca Navidad" que cantó Bing Crosby en la película “Holliday Inn”. Una canción de navidad para recordarnos nuestro nacimiento a la vida, para celebrar la promesa que somos y porta el Don que nos regalaron al nacer, ese capaz de colorear nuestros días y proyectar la alegría de vivir a los demás. 



¿Quieres saber más sobre su talento natural y el valor que aporta a la vida? Arqueología del Talento te permite, desde la hipnosis, contemplarte tal como eres. Contáctanos en www.arqueologia-talento.com


lunes, 24 de abril de 2017

Historias con Talento: Anna Marinova

En los tiempos actuales en los que la fórmula infalible del éxito se ha convertido en una apremiante búsqueda del elixir de la eterna juventud, es bueno recordar las palabras de Jacinto Benavente cuando decía “que muchos creen que tener talento es una suerte, pero que la suerte la da el talento”. En ocasiones la fortuna del talento no tarda toda una vida en mostrarse, incluso alcanza reconocimientos con cierta premura. Es el caso bien conocido de Mozart pero también de otros muchos talentos en el deporte, las ciencias y las artes. Valgan como ejemplos de ello el futbolista Messi, el conductor de fórmula 1 Fernando Alonso, el físico Niels Bohr, el matemático Ramanujan, la bailarina Tamara Rojo o la pintora Anna Marinova.

Anna Marinova es una joven pintora figurativa rusa cuya obra se encuentra en colecciones privadas alrededor del mundo y sus cuadros causan gran expectación en prestigiosas casas de subastas. Nacida en 1983 en San Petersburgo, inició sus estudios de arte a la edad de 6 años y a los 14 años ganó su primer premio como ilustradora; continuó su formación como pintora en la escuela de arte Roerich de su ciudad natal y posteriormente en la Facultad de Pintura de la IZHSA Repin, la Academia Rusa de las Artes, donde se graduó en 2010. Para entonces ya había sido reconocida con una medalla por la Academia estatal y algunos de sus cuadros estaban incluidos en los catálogos de las casas de subastas Christie´s y Lots Roads. Pudiera parecer que su talento era la resultante de una excelente formación académica pero esto no es más que un espejismo. Siguiendo al pintor Oleg Tselkov “ser artista no se aprende, no hay profesores que lo enseñen. No es posible hacer nada para ser un artista, con esto hay que nacer”. Los estudios y el entrenamiento pueden ampliar nuestro conocimiento y dotarnos de nuevas habilidades y destrezas pero no sustituyen al talento.

De la misma forma que Usain Bolt, el hombre más rápido del mundo, debe el haber conseguido sus records mundiales (el primero a la edad de 21 años) a su singular constitución biológica (el entrenamiento solo le permite estar en condiciones óptimas para desplegar su poderoso talento); Anna Marinova tiene en su don artístico su habilidad original de expresión: la pintura; y dentro de ésta el realismo figurativo a partir de pinturas al óleo. Esta es su forma de expresión natural, esa  que le caracteriza de una forma natural, la distingue de otros pintores y se proyecta en su obra. Esta habilidad innata es su forma preferente y dominante de expresión personal, es la técnica maestra de su talento íntimo. Capacidad que complementó con la adquisición de otros conocimientos, técnicas y habilidades durante su etapa académica, reforzando así sus recursos naturales para la realización de sus obras. Cuando se contempla la obra de Anna Marinova uno percibe su autenticidad y es que “el talento es el punto de partida” como bien expresara el conocido compositor Irving Berlin (norteamericano nacido en Rusia con el nombre de Isidoro Balline) quien nunca estudió música. Este atributo diferencial que es el Don, es el punto de inicio en el desarrollo del individuo que los sistemas educativos estandarizados (basados en la obvia falacia de todos somos iguales) no ponen en práctica y conlleva el desaprovechamiento de las capacidades humanas de la sociedad además de la frustración y desmotivación de la persona. Gracias a Dios siempre hay padres que apoyan la tendencia natural expresiva del niño como en los ya nombrados de Fernando Alonso, Tamara Rojo o Anna Marinova.

Anna Marinova disfrutó de sus años de formación en la Academia pero en su último curso comenzó a inquietarse sobre el incierto futuro que le aguardaba como artista independiente. No en vano es difícil vivir del arte en una sociedad cada vez más miope incapaz de apreciar el valor de desarrollo de la cultura y que degrada la utilidad de su potencial. La joven Anna había descubierto que era un pincel pero desconocía que es lo que debía pintar con él. En otras palabras conocía cuál era su talento pero no tenía claro cómo enfocarlo, cual debía ser el tema de su obra. La vida le dio la oportunidad de reconocer cual era el servicio que debía prestar el pincel que era: la belleza humana. Lo supo cuando sus amigos se ofrecieron a servirla como modelos, ahí se dio cuenta que la figura humana era el tema que más le interesaba pintar y que el estudio de los movimientos del cuerpo, sus gestos y anatomía la había absorbido durante su estancia en la Academia. El talento de Anna Marinova había encontrado su espacio en la creación, su razón de ser. ¿Cuál era el sentido de pintar figuras humanas?


Como explica Anna el mensaje de sus lienzos es muy simple: admirar la belleza del mundo. Sus cuadros son un intento de retener la belleza de la juventud, especialmente la femenina y de la rusa actual en particular. De esa belleza de las jóvenes rusas que son herederas de los avatares de los tiempos soviéticos de la posguerra que sin hombres convirtieron a las mujeres en seres valientes que levantaron un país y al mismo tiempo viven suspirando por el ideal romántico de un hombre. Ella después de todo es una joven rusa que se expresa a si misma a través de su talento. Como bien dice Anna el arte es la vía para conocerse a sí misma y al mundo que le rodea, permitiéndole expresar una idea, una emoción y sobre todo su mundo a través de luces, colores, formas; sin palabras.


Sin palabras, a través de luces y símbolos Arqueología del Talento© permite a las personas identificar su don y su razón de ser, de reconocer ese patrón maestro de capacidad que expresa lo mejor de cada uno de nosotros y que obedece a una intención en la creación. Arqueología del Talento© es una oportunidad de encontrarnos con la fortuna que somos. Infórmate de nuestros seminarios intensivos en nuestra página web.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Historias con Talento: Paul Gauguin

Si bien el talento es un atributo innato que permite a la persona profesar su vocación, el darse cuenta de este elemento de identidad que condiciona la vida es una tarea resbaladiza. Ello se debe a que el talento forma parte de nuestra propia naturaleza, es lo normal para su portador pero es el rasgo diferencial frente a los demás. No nos damos cuenta de quienes somos, del tesoro que portamos y sin embargo en nuestro camino brota como una flor silvestre de primavera en los diferentes espacios que vamos recorriendo. A veces esta flor se enmarca en hechos que permiten reconocerla. Es lo que le sucedió a Paul Gauguin.

Hasta el momento en que Paul Gauguin reconoce su propio don artístico, su vida es como la de cualquier joven que busca abrirse camino en la vida condicionado por las coyunturas familiares y de su entorno. A los pocos meses de nacer (Paris, 1848) y debido a la inestabilidad política que reina en Francia su familia decide embarcarse rumbo a Perú de donde es originaria su abuela materna (Flora Tristán). En la travesía durante el cruce del estrecho de Magallanes Paul pierde a su padre. Junto a su madre y en un ambiente elitista de la sociedad peruana no solo vivirá sus primeros seis años, sino que también entrará en contacto con la manifestación cultural de dos formas de vivir que confluyen: la primitiva precolombina y  la refinada europea de la antigua colonia española. De regreso a Francia es internado en un colegio católico para realizar sus estudios y a la edad de 14 años comienza su formación naval. Es asistente de piloto en sus primeros pasos en la marina mercante y de ésta pasa a enrolarse en la marina francesa donde pasa años surcando los mares. Estando en la India en uno de sus viajes muere su madre. Paul tiene 19 años. Su vida parece encauzada.

Corre el año 1871, Paul cuenta con 23 años cuando regresa a su ciudad natal y acepta el trabajo que le ofrece el novio/amante de su fallecida madre como Agente en la Bolsa de Paris. Atrás quedan años de dura y peregrina faena marinera. Su nuevo trabajo le reporta cuantiosos ingresos y una vida acomodada en el Paris burgués, además de un gran amigo: Émile Schuffenecker amante de la pintura. Su vocación por la pintura empieza a despertar, su don para los pinceles a emerger. Paul Gauguin comienza a pintar por afición. Por esos tiempos (1873) se casa con la danesa Mette-Sophie Gad con quien tendrá cinco hijos, al del medio le bautizaran con el nombre de Emile. Lleva una vida acomodada en la que la afición por la pintura va aumentando; comienza a codearse con los artistas del momento. En una visita a una galería al contemplar el cuadro “Olympia” de Eduard Manet se sintió alcanzado por un rayo. Supo que Dios le había tocado. Que era un pincel y solo quería pintar. Gaugin es ganado para la pintura. Sigue trabajando en la Bolsa de Paris y pinta. Pinta y oculta a su mujer su vocación sabedora que no aceptaría un cambio en su vida estable. Exhibe algún cuadro en una exposición colectiva amateur en la que se presenta Manet. El cree estar ante un gran genio pero para su sorpresa es el genio quien le elogia. Gauguin vive en medio de dos grandes fuerzas que tiran de él en sentidos contrarios, su vocación y su trabajo en la Bolsa, el llevar una vida dedicada a la pintura y el de proveer de una vida burguesa confortable a su familia. Son once años en los que vive en esta tensión constante, once años que terminan cuando la Bolsa de Paris se derrumba (1882) y lleva a Paul Gauguin a la ruina. Es la oportunidad para dedicarse por completo a la pintura. La familia se traslada a vivir a Copenhague donde vivirán del trabajo de Mette-Sophie como profesora de francés. Sus cuadros no tienen aceptación, apenas obtiene algún ingreso por su obra pictórica, lo que será una constante en su vida de artista. Una vez más a los once años, esta vez de casados, se separa de su mujer. Los valores compartidos que dieron lugar al matrimonio han sido traicionados pero Paul se siente fiel a si mismo. Tiene 37 años cuando regresa a Paris junto al menor de sus hijos, Clovis, al que deja al cuidado de su hermana.

Gaugin se traslada a vivir a la colonia de artistas de Pont Aven, en Bretaña. Allí puede permitirse pintar en un ambiente relajado a pesar del marco de estrechez económica en que se encuentra.  Conoce a Laval con quien emprenderá un viaje a Martinica y Panamá. A su regreso a Pont-Aven experimenta el contraste entre el color y lo primitivo de las tierras antillanas con el arte pictórico imitativo, repetitivo y poco simbólico de la vieja Europa. Decepcionado por el movimiento artístico que tiene lugar en Francia acepta la invitación de ese genio loco que es Van Gogh para instalarse en su casa de Arles en la Provenza. Juntos leen un libro que les deslumbra “Rarahu: el matrimonio de Loti” (de Pierre Loti). Paul vislumbra que el paraíso soñado, anhelado, se localiza en la Polinesia. Está decidido a marcharse a Tahití, la relación con Van Gogh se tensa y ocurre el famoso suceso por el cual el artista holandés se corta la oreja con una cuchilla de afeitar. Tomada la decisión tiene la fortuna de vender alguno de sus cuadros lo que le permitirá costearse el viaje y visitar por última vez a su familia en Copenhague. Próximo a cumplir los 43 años, en abril de 1891, se embarca rumbo al paraíso de la Polinesia, el escenario natural y salvaje donde pintará sus mejores obras, las coloridas escenas maorís. En el paraíso de estas islas del pacifico sur, Paul, que adoptará el nombre de Koke, saca y da rienda suelta a su bestia interior, su genio, su instinto, su talento artístico. Su vida salvaje y desafiante le enfrenta al mundo domesticado que los franceses están introduciendo en las colonias. Vive cada vez más aislado, casado con una maorí, internándose en la cultura nativa y en una situación económica deprimente. Su arte sigue sin ser reconocido. Cuando considera que Papette está occidentalizado, se retira aún más y marcha a las islas Marquesas donde pintará su última obra maestra y morirá a la edad de 54 años rodeado de unos pocos amigos, con el cuerpo severamente castigado por el abandono, el alcohol y la enfermedad innombrable, la sífilis. A su muerte Gaugin obtuvo el reconocimiento que no logró en vida, el valor de su obra se disparó. Había nacido adelantado al mundo, un mundo que necesitaba de nuevas luces y colores, de nuevos valores que animaban e infundían alma a sus cuadros gracias a su magistral talento.

Esta es en síntesis la historia de la vida de Gaugin, una historia en el que hay un momento cumbre, ese en el que contemplando la Olympia de E. Manet su talento y su labor en el mundo se revela con toda intensidad, como una fuerza que no puede dominar, que acepta y se deja guiar y conducir por ella. El talento ha emergido, lo reconoce y lo abraza. Gaugin ha reconocido su propia naturaleza y su alma desvestida gracias a ese cuadro que escandalizó y revolucionó el desnudo en la pintura europea. Olympia mostraba el alma de la naturaleza femenina, la diosa y la prostituta, y reflejaba la naturaleza esencial de Gauguin: su carácter salvaje sin tapujos, su aspiración a vivir sin prejuicios, su amor por la pintura, por la belleza femenina. Siempre llevó una foto de este cuadro consigo y de alguna forma creó su propia Olympia en su obra “Manao tupapau” (El espíritu de los muertos vela), cuadro sobre el que advertiría por carta a su mujer danesa que no lo comprendería pues para la mujer tahitiana el desnudo físico y la sexualidad tenían unas connotaciones naturales y que su desnudo muestra el alma. Desnudar al mundo de sus prejuicios, liberar su alma fue el camino de este artista en el mundo y lo hizo a través del colorido y luminoso pincel de su talento. Una misión poco rentable económicamente en su tiempo pero que generaría grandes intereses a su muerte. El mundo necesitaba nuevas luces y estás iban a brillar a través de su talento, ese que se le mostró arrebatadoramente contemplando la Olympia de Manet.

PD: algunas otras sincronías que hacen brillar la historia de Paul Gauguin, al tiempo que expresan su fidelidad a su talento y su obra, a su camino en el mundo: 

  • Olympia no solo fue el cuadro preferido del propio Manet, obra que nunca puso a la venta, en el que una famosa prostituta del Paris de mediados del XIX sirvió como modelo; Olympia (Maleszewska), también fue el nombre de la amante de su abuela la agitadora social Flora Tristán.
  • Emile no solo fue el nombre del fiel amigo con quien Paul dio sus primeros pasos en el camino de su talento, sino el nombre que dió a dos de sus hijos, uno tenido con la danesa Mette-Sophie y que fue uno de los grandes defensores y valedores de la obra pictórica de su padre, y Émile Marae a Tau que tuvo con la tahitiana Tehura. 
  • En las Islas Marquesas hizo amistad con un maorí que estaría presente en sus últimos momentos. Como prueba de su amistad y siguiendo una ancestral costumbre unieron sus nombres respectivos sin renunciar al propio. Así Paul, Koke en la Polinesia, pasó a llamarse Koke-Tioka y su amigo Tioka-Koke. Una analogía de unir y conciliar los dos mundos en que Paul se debatía. 

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jueves, 9 de febrero de 2017

Historias con Talento: Yuri Kukláchev

Para la realización de su obra, el talento que nos ha sido otorgado ha de seguir su propio camino estratégico, en el cual hay momentos de prueba para colocarnos debidamente en la posición que nos va a permitir avanzar. Estas circunstancias a veces incomprensibles, a veces tan duras y difíciles que no desearíamos que se hubiesen presentado en nuestras vidas, son, sin embargo, necesarias y las más propicias para congraciarnos y encontrarnos con el talento y nuestro lugar en el mundo. No todo es elección de uno mismo en la vida, las condiciones vienen dadas y hemos de afrontarlas para hacer aflorar nuestro talento. Bien lo dejó expresado Ortega y Gasset en su célebre frase “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. El talento como la rosa tiene sus convenientes espinas antes de florecer. La historia de Yuri Kukláchev es bien ilustrativa de ello.

Quizás este nombre no le diga a nada, a menos que usted sea ruso, aficionado al circo o a los gatos. Supe del Teatro de los Gatos de Moscú leyendo una de las últimas obras de Fernando Sánchez-Dragó y poco después me encontré con una entrevista a su fundador Yuri Kukláchev en la que relata su Camino del Corazón. La siguiente historia llena de vida tiene sus propias espinas, es “un camino duro en el que siempre obedecí los dictados del corazón” como reveló el payaso ruso, sin maquillaje, en una de sus Lecciones de Bondad dirigidas a menores recluidos en centros de internamiento.

El payaso aún se acuerda de cuando teniendo siete años un tío suyo le preguntó "Yuri, dime ¿para qué has venido a este mundo?". “Con el fin de vivir” le respondió. "Es comprensible. Pero, ¿quién quieres ser?” volvió a preguntarle. El niño no sabía. Y el tío le propuso "Piense que usted se convierte en la vida". El pequeño Yuri no durmió aquella noche probándose, jugó mentalmente con ejercer diferentes profesiones pero no dio con la respuesta que encajaba con el molde que le llenaba de vida y pasó largo tiempo pensando en ello. No encontraba una respuesta a esta cuestión que llegó a obsesionarle como si de una pesadilla se tratara. Como recuerda, aquella situación le hizo tomar conciencia de que “no había de vivir en vano”. 

Un día su padre apareció en casa con un televisor. Al encenderlo estaba Charlie Chaplin en la pantalla. ¡Le gustó tanto! Se reía tanto que en algún momento, se levantó y comenzó a hacer el payaso. Escuchó risas a su alrededor y sintió la calidez de esa risa. Estaba tan feliz que dijo: "¡Lo encontré! ¡Lo he encontrado! ". Se había dado cuenta por sí mismo de lo que iba a hacer en la vida, “había encontrado el negocio que le era agradable a su corazón”. Tenía ocho años de edad cuando supo que en el residía la “¡voluntad de payaso!” A partir de ese momento supo cuál era su misión y tenía que ejecutarla.

Reflexiona y dice “todos venimos a este mundo para cumplir su misión. Todos hemos sido elegidos para una misión que nos conduce a encontrar el propio don y nos da la oportunidad de encontrar un trabajo en beneficio de las personas”. Yo tuve la suerte de encontrarlo pero eso no quiere decir que todo fuera a ser simple y fácil a partir de ahí. Amaba ser payaso, tenía el don, pero esa promesa que residía en él había de crecer hasta madurar y dar frutos. Él era el amo de sí mismo y se puso a ello.

Aspiró a entrar en la escuela del circo, lo intentó varias veces sin ser aceptado. Las oportunidades, hasta siete, pasaban. Sabía que era un payaso. “¿Qué tipo de payaso?” me preguntaban y se reían de mí en la cara. No lo sabía. Llevaba cuatro años pretendiendo ser admitido en la escuela circense y cada intento fallido era una humillación. Estaba deprimido. No tomaba alcohol pero tal era es mi estado de abandono que un día mi padre me lanza: "Qué hijo, ¿bebiste?", "No papá, es que no tengo a nadie en quien confiar.", entonces me dijo "estás equivocado. Conozco a un hombre que cree en ti. Soy yo, tu padre”. Y me salvó. Me di cuenta de que el deseo de convertirme en un payaso era tan grande que nadie lo podía romper, estaba tan seguro de mí mismo que supe que no había poder más grande que el que tengo dentro. Supliqué al universo que me ayudara. Creo que cada fibra de mi cuerpo envió este mensaje: "¡Señor, ayúdame a realizar mi sueño! ¡Ayúdame a ser quien soy!” Y sólo dos días después me encontré en el autobús con una niña que entrenaba en el circo nacional. Ella no sabía de mi afición pero aquella conversación casual en el transporte público me dirigió hacia mi espacio. Ella me llevó al gimnasio donde practicaba, había de todo: trapecio, esteras, malabares, trampolines, alambre,…. Pensé, “gracias a Dios, tengo todo lo que debería tener”. En silencio y con persistencia comencé a practicar, a trabajar día tras día. A los 16 años gané el concurso de aficionados dedicado a los 50 años de poder soviético, convirtiéndome en el primer payaso de la Unión Soviética. Fue así como conseguí entrar en la escuela de circo. 

Parecía que todas las dificultades habían quedado atrás. Pero no fue así, aún le esperaba una prueba mayor. Había ingresado en la Escuela de Circo y al poco tiempo caí en la formación del banco rompiéndome la pierna. El nervio tibial se había cortado y los médicos me hicieron saber que era probable que se mantendría sin sensibilidad de por vida. Me operaron y me aconsejaron que esperara pacientemente, “si la pierna empieza a doler, a continuación, el nervio se restaurará. En caso contrario la pierna quedará desactivada". Vino el dolor, un dolor punzante y agudo, constante. Era terrible, comenzaba en el pie y se expandía a lo largo del cuerpo hasta el cuello ahogándome. Me prescribieron morfina y la droga comenzó a apuñalar día tras día a ese joven de dieciséis años que era. Dependía de ella, bastan tres inyecciones para crear la adicción y me habían prescrito quince. Un día mi madre se asustó "Hijo, ¿qué te ocurre? ¿Qué están haciendo aquí contigo " Al saber que era la morfina, me dijo:" ¿No querías ser un artista? ¡Así nunca lo vas a ser! Te vas a convertir en un don nadie, esto no te llevará a ninguna parte". Se fue llorando del hospital. “Llegó la noche. Las enfermeras vinieron a ponerme otra dosis de la droga y me negué. El dolor se intensificó, me ardía todo el cuerpo, no podía respirar. Fue una noche espantosa, de horror. A las seis de la mañana, sólo, me quedé dormido. Pero esa noche me ganó para el propósito que tenía en la vida. No había otra manera de convertirse en un artista”. Regresé a la Escuela del Circo con muletas y no querían allí una persona con discapacidad. El director de la escuela recibió una solicitud pidiendo mi expulsión tras lo cual reunió una Comisión y me hizo llamar. Me enseñó el documento. “Solo quiero aprender, no quiero que gobiernen mi vida” reclamé y delante de quienes habían exigido mi expulsión el director rompió la solicitud diciendo “mientras yo esté aquí, este niño va a aprender. Él tiene un corazón de payaso” Gracias a él, me gradué.

Era un payaso, era el mismo payaso que todos los demás, el payaso habitual que sabía todos los géneros y que puede encontrarse en cualquier parte. Nada especial. Esa no era la orientación que sentía debía dar a su trabajo. ¿Cuál era entonces? No lo sabía y no daba con ella, estaba otra vez perdido. La vida puso en su camino un gatito desgraciado, flaco, mojado y ciego que clamaba lastimosamente. Lo encontré en la calle, lo llevé a casa, le alimenté, lavé y cuidé. El me ayudó a encontrarme conmigo mismo. ¡Claro! pensé, ¡nadie en el mundo tenía un número con gatos, nadie sabía cómo entrenarlos! Se puso manos a la obra y como todos antes de él no conseguía domesticar al indómito felino. A pesar de su terquedad no logró adiestrar al gato, la voluntad de un gato no se puede doblegar. Entonces me di cuenta que yo no era un gato y empecé a entrenarme a mí mismo, buscando lo que más le gustaba al minino. Un día, al llegar a casa, el gato había desaparecido. Busqué por toda la casa. No aparecía. Seguí buscando por la cocina, lo mismo; entonces el gato tiró la tapa de la olla y allí dentro estaba. Fue cuando me di cuenta ¡Eso era todo! ¡Ahí estaba mi número! Así nació el “gato y el cocinero” el número con el que recorrió el mundo entero y recibió todos los premios de mundo circense (y que puedes ver en el vídeo al final de este post). La clave no era amaestrar gatos sino permitirles jugar para descubrir el talento único de cada minino y hacer un número a la medida de cada uno de ellos.

Yuri decidió abandonar el circo y crear su propio teatro. ¡Un teatro de gatos! Tenía la idea clara pero el tiempo pasaba y seguía sin un espacio donde llevarlo a cabo. Corría el año 1990 y desde los Estados Unidos le enviaron un contrato para establecerse allí. Insistían pero él no quería abandonar Rusia. La situación se convirtió en desesperada, todo iba camino de perderse. Hasta que un día en la cama escuchó la voz interior del sueño que le despertó:

- ¿Qué te miente? ¿Qué te pierde?  ¡Obtener las cosas rápidamente y correr! 
- En caso de correr ¿A dónde? Al Ayuntamiento de Moscú. 
- ¿Por qué al Ayuntamiento de Moscú? No quiera saber y vaya. ¡El tiempo se acaba!

Me levanté, cogí el coche y me fui directo al Ayuntamiento de Moscú. Entré en el edificio e inmediatamente me topé con el alcalde. "¡Hola!, le dije. Necesito ayuda. Me ha llegado un contrato para trabajar en Estados Unidos. Si acepto, no regreso. Mis hijos aprenderán allí, seré propietario de una casa y la economía me irá bien. Pero yo quiero estar aquí. Por el amor de Dios, deme una habitación en la que hacer mi teatro de los gatos". Y de repente dijo a uno de sus subordinados "Sí, le das una sala de cine." Y así fue, sin sobornar con chocolates, champán, sin rublos de por medio, me dieron un espacio de 2000 metros cuadrados en el centro de Moscú. Y el Teatro de los gatos comenzó a funcionar de esto ya hace 25 años, apoyado por gente buena. Incluso el banco me ayudó a obtener la licencia.

Yuri Kukláchev termina su “lección de bondad” haciendo hincapié en que es importante que cada uno de nosotros nos encontremos a nosotros mismos, que cada uno entienda su misión y la viva honestamente. "El secreto es escuchar tu corazón pero no espere que todo vaya a ser fácil. En algunos momentos va a ser incómodo y muy duro pero si no fuese así nada se te daría". La estrategia del talento siempre florece, como una bella flor, como una rosa con espinas. Sin embargo quienes abandonan la promesa que albergan y toman como suyos derroteros que no les corresponden acaban creciendo con espinas sin llegar a florecer.  

Al hilo del hermoso relato del talento del payaso ruso Yuri Kukláchev, de esta gran historia de vivir basada en el talento y el rencuentro con uno mismo para avanzar en el desarrollo y realización del sueño que somos, viene a mi memoria el momento en el que paseando por las sendas de la Sierra de Guadarrama Ortega tuvo la claridad que dejó plasmada en su famosa frase y que con otras palabras recoge el poema del Premio Nobel de Literatura Imre Kertesz:

 “No olvides el sueño que te ha hecho nacer,
no olvides la promesa que alberga esta vida,
no olvides que esta promesa plantea condiciones,
es más que debes buscar el cumplimiento de la promesa únicamente en el cumplimiento de las condiciones”  

Y revivo la memoria de muchos que en su viaje interior se acercaron a Arqueología del Talento para rencontrarse con su don, su misión y superar las pruebas que enfrentan en el camino escuchando la voz de su corazón en el sueño hipnótico. Todos ellos son un guion de vida único, útil y emocionante,  una maravillosa promesa en curso de realización que florecerá a pesar de las espinas que crezcan en el camino.